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La cultura urbana Simmel plantea a la cultura urbana como cultura de la modernidad. En su apartado refuta que existen cuatro formas culturales específicas que se encuentran en cualquier perímetro urbano: - La intelectualidad: el natural urbano procede con la cabeza y no con su corazón.
- El predominio de la racionalidad: Los habitantes urbanos ejecutan cálculos. Son precisos, puntuales y exactos.
- Los residentes de las metrópolis están aburridos
- Los habitantes metropolitanos son reservados, se resguardan tras una pantalla protectora de reserva, raramente exponen sus emociones o se pronuncian frontalmente.
 La ciudad como centro de la economía monetaria Simmel no plantea que la ciudad " per se " cree o cause estas formas culturales, sino subraya el rol de la ciudad como centro de la economía monetaria (que es el aspecto que desarrolla más ampliamente). Dado que la economía monetaria está más abierta en las ciudades, también allí lo están sus rasgos culturales. En resultado, del dominio de la economía monetaria en las sociedades modernas explica las cualidades de cálculo asociadas. El cálculo, los números, son reveladores porque forman parte de esa economía monetaria y este predominio del cálculo cerca transformaciones cualitativas: el hecho de que “la calidad del dinero consiste exclusivamente en su cantidad”, se sujetará, aunque de manera no lineal, a la torpeza de la capacidad de valoración, como un rasgo de la cultura urbana. Ciudad vs. Pueblo Simmel detalla la oposición entre la metrópolis o entre ciudades y pueblos a lo largo del tiempo (tiene una perspectiva histórico), porque opina que en el mundo moderno, el dominio de las metrópolis se difunde a través de toda la sociedad, conteniendo por cierto a las áreas rurales. En definitiva, las sociedades modernas, caracterizadas por el mando de la economía monetaria, tienen rasgos culturales muy diferentes a los de las sociedades tradicionales. Las ciudades son espacios interesantes porque exhiben la emergencia de esas nuevas fisonomías con mayor claridad. Concluyendo Simmel entiende a la ciudad como un fenómeno unitario, sin observar las segmentaciones que se producen en su interior. Su análisis no remite a una superficie territorial específica. Relaciona dos dimensiones propias de la ciudad con la conducta social, por una parte el tamaño y, por la otra, las relaciones capitalistas. Si bien Simmel no olvida las desigualdades sociales y económicas que las relaciones capitalistas generan, la relación entre la forma urbana y los individuos, no está mediada por ninguna de esas diferencias, en otras palabras, la correspondencia entre ciudad e individuo, es autónoma de la clase social de la cual forma parte. Esto le priva ver las diferenciaciones intraurbanas y entre ciudades.
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